viernes, 10 de abril de 2020

Coronavirus hasta en la sopa: una pandemia de filósofos azota el mundo.


[A propósito de Sopa de Wuhan ASPO]

Coronavirus hasta en la sopa: una pandemia de filósofos azota el mundo.

Por Carlos A. Casali
  
  Cuando la filosofía parecía haber pasado de moda, un virus despierta a los filósofos de su largo sueño posmetafísico y los entrega a una frenética carrera por explicar la actualidad con herramientas cuasi teológicas. Una sorprendente parresía que no logró entrar en los textos de Foucault (aunque tal vez se la pueda detectar en los primeros pensadores de la escuela cínica). Una verborrea que tal vez se cure con pastillas de carbón. Un encomiable empeño por visibilizarlo todo, por discutirlo todo que nos invita a participar de una “sociedad trasparente” de la que, sin embargo, no querríamos ser miembros.
  Los filósofos se atropellan para hablar y hacer afirmaciones temerarias que rápidamente la realidad desmiente. La realidad…Cualquiera podría preguntar aquí ¿qué es la “realidad”? o ¿qué pretendo yo entender por “realidad”? Si estuviésemos hablando de cualquier otra cosa o en cualquier otro momento, me gustaría distraerme un poco jugando con esta idea. Después de todo, jugar con las palabras y las cosas es el oficio más arraigado del filósofo. Pero, hete aquí que la realidad golpea y no está esperando nuestra interpretación. Casi siempre vale que no haya hechos, sólo interpretaciones. Salvo cuando los hechos se imponen a las interpretaciones.
  Comienzo por Agamben. El 26 de febrero afirma con toda claridad que “la pandemia” es el resultado de cierta paranoia colectiva junto con las manipulaciones autoritarias del “estado de excepción”. A esto lo llama Agamben un “círculo vicioso perverso”. Seamos indulgentes con Agamben: se apresuró a escribir sobre un tema que en poco tiempo cambió de forma. Mientras el filósofo mira con agudeza a uno y otro lado del círculo vicioso (perverso), el subjetivo (paranoico) y el poder que lo configura (opresivo), el virus siguió avanzando. Todos sabemos en qué situación se encuentra Italia en estos momentos. Entonces, el 11 marzo ¿vuelve sobre sus pasos para corregir la posición? No. Persevera en el mismo rumbo: ahora pone el foco sobre un aspecto “social” de la pandemia: la idea de contagio. Según parece, los epidemiólogos descubrieron algo que el sentido común ya había advertido: el virus es contagioso. Pero el filósofo no puede admitir evidencias tan pedestres. Ya enseñó Platón que la filosofía está por encima de la doxa y de la episteme. La “agudeza intelectual” de Agamben le permite ver detrás de la idea de contagio cierta xenofobia y nos regala un pensamiento penetrante: “nuestro prójimo ha sido abolido”. Maravillosos descubrimientos que ya fueron hechos hace tiempo para explicar otras cosas: el racismo, por ejemplo, o el individualismo. Así que, como no queremos ninguna de esas cosas, la mejor solución es el contagio generalizado. Nada de “aislamiento social preventivo” y mucho menos “obligatorio”. Bolsonaro y Trump aplauden a cuatro manos. Jean-Luc Nancy, un amigo piadoso de Agamben, lo critica (un poco nomás).
  27 de febrero, Zizek. Me parece que el nudo problemático de su argumentación está en lo siguiente: “La necesidad médica fundamentada de cuarentenas encontró un eco en la presión ideológica para establecer fronteras claras y poner en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza para nuestra identidad”. ¿Qué alcance le da Zizek a ese “eco ideológico”? No estará demás volver a la distinción entre hechos e interpretaciones. Se trata, por supuesto, de una relación problemática y compleja. Pero el problema se disuelve y la complejidad se aplana o banaliza si ponemos los hechos fuera de juego y sólo dejamos las interpretaciones. ¿No había escrito Marx La Ideología alemana para poner en cuestión semejante reducción idealista? La situación no cambia mucho si en el juego de las interpretaciones hacemos intervenir variantes de la “realidad social” o de los “juegos de fuerzas”. Todas estas no son más que variantes “materialistas” de un juego narcisista –autorreferencial- de interpretaciones sin consistencia en los hechos. Y ¿qué son los “hechos”? Lo que pone un límite a la interpretación. Aplicado esto a nuestro tema: de un lado “necesidad médica fundamentada de cuarentenas”. Zizek parece admitir esto como un hecho. Del otrola presión ideológica para establecer fronteras claras y poner en cuarentena a los enemigos que representan una amenaza para nuestra identidad”. No tengo muchas dudas de que la interpretación ideológica y el uso político de la pandemia irá por ese lado o podrá ir por ese lado. Los usos políticos de la pandemia o las interpretaciones de los hechos son un material mucho más fluido que los hechos que los sostienen o suscitan (como afirma Nietzsche en La Genealogía de la moral). Pero el tema aquí es otro ¿se da el hecho del contagio y la necesidad de la cuarentena o no? Si la respuesta es afirmativa –Zizek lo da por hecho- todo lo demás –el uso ideológico- resulta un poco superfluo o inoportuno. Un pasatiempo de filósofo que no tiene mucho que decir sobre temas médicos. Salvo que volvamos a aquellos tiempos dorados de los teólogos-metafísicos que se proponían como médicos del alma. ¿Estará Zizek cerca de Platón? Indudablemente sí: sueña con un “más allá” (del Estado Nación en este caso) que realice la utopía de un mundo más justo. Todo gracias a un virus que como la idea platónica parece tener una eficacia social y política que sólo ve el ojo experto del filósofo. Después de todo Platón veía lo real a partir de la idea, el topos uranos, y Zizek lo hace a partir del cine. ¿Habrá actualizado Zizek los sueños monárquicos del intelectual platónico? Después de darle vueltas al asunto, Zizek llega a una extraña conclusión: reivindica al liberalismo frente a la opresión capitalista del mercado. El virus pondrá las cosas en su lugar: esa es su esperanza. ¿Hacía falta un intelectual para decir estas cosas?
  Byung-Chul Han (22 de marzo). Por fin tierra firme (como dijo Hegel hablando de otra cosa). Quienes hayan leído algo del coreano formado en Alemania sabrán que escribe y publica mucho, textos breves sobre los temas más variados. Un autor de moda que es recomendable leer sin prejuicios (pese a todo lo dicho). No para seguir a un “maestro intelectual” sino para pensar en aquello que va presentando en sus textos. Después de todo, la economía verbal y conceptual, su escasez, es una ventaja: las palabras y conceptos no esconden las cosas; las presentan brevemente y las dejan allí. No pretenden interpretar los hechos hasta agotar su sentido: ilusión ilustrada de la metafísica de todos los tiempos que también abarca estos tiempos posmetafísicos.
  Dice por allí: “La realidad se experimenta gracias a la resistencia que ofrece”. Y dice también: “La digitalización, toda la cultura del ‘me gusta’, suprime la negatividad de la resistencia”. Detengámonos a pensar esto: si no hay más que interpretaciones y todo se resuelve en una “batalla de interpretaciones”, en una verborrea que quiere decirlo todo y hace desaparecer del horizonte la idea de límite o de negatividad, si no hay más que eso, entonces, cuando la realidad se anuncia como resistencia o límite, sería prudente detenerse a pensar antes de salir corriendo al mercado de las interpretaciones para obturar con respuestas rápidas la dureza de los hechos.
  Hasta acá llegué (31/3/2020)